Mis amigos

Traductor

Directo a tu buzón

martes, 16 de octubre de 2012

SUPUESTOS Y REALIDADES


 



Fotografía: http://flickr.com/photos/sigmaorion/2465425330
 
La primera vez que la vi en aquella estación, la descubrí sentada en un banco del anden, sumida en unos pensamientos (me atrevería a decir) agradables. La sonrisa dibujada en su cara delataba el disfrute de aquella acción, la mirada clavada en las vías desvelaba la lejanía, estaba a años luz de aquel momento.

Me dediqué a observarla. No tenía otra cosa que hacer hasta el instante de mi partida. Me imaginé una vida para ella.

Vi una niña alegre, dicharachera, atrevida…, estados que dieron paso a una jovencita demasiado alocada, amante de los riesgos, aun así comedida en sus actos. Conoció el amor de la mano de su mejor amigo y demasiado pronto, para mi gusto. Son  sólo suposiciones, pero esa mujer es de las que enamoran y se dejan enamorar a edades tempranas.

Me despista el que no lleve anillo en su dedo anular, tal vez hoy lo olvidó, más la veo casada y no con muchos hijos, a lo sumo dos. Me aventuro imaginándola con niñas, lo que siempre deseó: dos amigas, dos cómplices, dos hermanas, las que nunca tuvo, ya que fue la única chica de cuatro hermanos.

La vida le ha regalado distintas tonalidades, de cuando en cuando las opacas ensombrecen a las llamativas, regresan del fondo del pensamiento para hacerle recordar que siguen ahí.

No sabría con exactitud su edad. No es mayor, tampoco muy joven, es esa edad indefinida que algunas mujeres llegan a alcanzar en un momento dado. Su belleza serena le hace tener un rostro aniñado, aunque hay un surco que sobresale de los demás, es más profundo, como si guardara algo muy intenso. Me intriga.

La suma de los días le ha enseñado el arte del saber esperar, el de todo llega y, también, el del nada es para siempre. El amor de su vida todavía camina a su lado, las hijas hace tiempo que abandonaron el hogar.

Otra vez mis ojos se han posado en esa muesca de su cara. El sonido de mi tren me devolvió a la realidad, al igual que lo hizo con ella. Se levantó y guió sus pasos hacía el exterior. Pasaron meses hasta que la volví a ver. Confieso que la buscaba con la mirada cada día que venía aquí. Proyectó en mi persona una especie de inquietud, algo me arrastraba a querer saber de ella.

Hoy la volví a ver. Curiosamente el mismo banco me devolvía la imagen que guardaba de ella. Sentada con las manos sobre el regazo, la cabeza ligeramente ladeada, su rostro seguía sosteniendo aquella sonrisa, la mirada hundida en los railes y el pensamiento quién sabe dónde. Me recordaba a una Penélope, esperando a su Ulises. La eterna espera.

Esta vez no quise imaginarme su vida. Quise saber. Me senté a su lado. La observé en silencio hasta que lo quebré con un saludo, una observación sobre el tiempo y un detalle personal.

-         Voy a Segovia-. Puntualicé. -¿Y usted?

-         A ninguna parte-. Sonrió.

Me sorprendió la respuesta.

-         No es que no quiera decirle a dónde voy, es la verdad. Cada día vengo hasta aquí, me siento y espero.

-         ¿Espera a alguien?-.

-         No, nunca volverá, se fue para no volver-. Hizo un conato de sonrisa.

-         ¿Quién sabe?-. Intenté alentar.

-         Murió aquí mismo junto a su amante, un once de marzo. Desde entonces vengo cada día a recordarme que las lágrimas sólo sirven para añadirle sal a la vida y no para llorarle a nadie.

Me quedé sin palabras. Siguió contando una vida totalmente distinta a la que yo había fantaseado para ella. Únicamente acerté en una parte: demasiado joven para el amor.

Desde entonces al llegar a la estación, me siento junto a ella compartiendo recuerdos y un café.

24 comentarios:

  1. Vaya sorpresa! Si es que nos dejamos guiar por las apariencias y luego nada comparado con la realidad. Buen relato para acompañarme mientras desayuno. Un beso!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya se sabe que el hábito no hace al monje. Gracias tocaya, me alegro de haberte acompañado en ese desayuno.
      Besos.

      Eliminar
  2. Vaya, vaya... yo te espero en Atocha, yo me bajo en Madrid, cantaba Sabina. Buena reflexión al llanto, una narración bien llevada, sí señora. Un abrazo mañanero

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué grande es Sabina!!! Hay momentos en la vida que te piden un poco de sal para poderlos tragar, pero ya está. Gracias por tu paso y sobre todo por lo de señora, jajaja, parecemos del ejército.
      Un abrazo nocturno, Luis.

      Eliminar
  3. También yo pensé en Penélope.
    Es curioso cómo a veces jugamos a imaginar vidas para esas personas que de algún modo nos llaman la atención.
    Me gustó especialmente la frase de las lágrimas... que aportan sal a la vida.
    Un beso... desde mi andén.
    :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ains Hulna, imaginamos tal y cual, pero no nos paramos para saber de sus verdades, eso es cierto. Las lágrimas aportan sal a la vida, vienen bien en su justa medida.
      Gracias por venir desde tu andén y te mando un beso desde el Mediterráneo.

      Eliminar
  4. El juego de imaginar,de repente da un giro insospechado que nos sumerge en la realidad de una mujer,que dejó de vivir un 11 de Marzo..como tantas vidas que ese mismo día quedaron segadas para siempre.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un día fatídico para mucha gente. Los que están, los que no, ya nada es igual. Te imaginas descubrir la pérdida de tu amor y saber que sus últimas palabras no fueron para ti???
      Cuánto agradezco tu paso!!1
      Besos, Luni.

      Eliminar
  5. La mayoría de las veces no coinciden lo que imaginamos y lo real, normalmente la vida es más dura.
    Besos , Aurora.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí que lo es Ohma, pero no nos gusta destinarle nada negativo a los demás.
      Gracias por venir.
      Besos, guapa.

      Eliminar
  6. Si es que vemos Penelopes en todfas ñlas esquinas,amiga...estamos obsesionados; entre Homero y Serrat nos han bloqueado :)
    Un muy bello cuento, y muy bien narrado, por cierto.
    Saludos, compi.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No puede ser, jajaja!
      Gracias por tu parada en mi andén, amigo.
      Besos

      Eliminar
  7. Que divertido resulta imaginar las vidas de personas con las que coincidimos en algun lugar y no conocemos de nada.
    Aurora, me ha parecido un estupendo relato.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto es que cuando sólo esperamos el tiempo jugamos a imaginar múltiples cosas.
      Gracias por este guiño, Pilar.
      Besos

      Eliminar
  8. Qué bueno!!! Me gusta porque refleja lo que pasa muchísimas veces, que uno imagina un montón de cosas sobre otra persona que nada que ver...
    Me encantó el relato, un besito, y buen fin de semana...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es verdad, casi nunca acertamos.
      Gracias por esta parada y buen fin de semana para ti también.
      Besos

      Eliminar
  9. Me ha gustado la historia

    Tenemos la manía de elucubrar sobre la vida de otros (siempre con cariño) y hasta que no les preguntamos...

    Abrazos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creemos acertar y cuando preguntamos, jeje, no hemos dado ni una.
      Gracias Trini, por tu visita.
      Besos

      Eliminar
  10. Yo también suelo imaginar la vida de la gente, me gusta hacerlo mientras las observo en alguna estación, en el tren o en un autobús. Es una historia triste, como la Penélope de Serrat, que me gusta más que la que esperaba a Ulises. Mucho más... onde va a pará...
    Besos Ana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí tamién me gusta más la de Serrat, onde va a pará, jajaja.
      Sobre los demás, casi nunca acierto.
      Agradezco este paseo por mi estación.
      Besos.

      Eliminar
  11. Somos muy aventuradas al suponer. Las estaciones son tan especiales, que me ha parecido lógico que hayas colocado a tu protagonista en ese banco. Su revancha, también me ha gustado, pero sobre todo sorprendido.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias fonsi, por pasar y descansar en ese banco.
      Un abrazo.

      Eliminar
  12. Nos gusta divagar sobre lo que no conocemos. Y a veces incluimos en esas divagaciones situaciones que quizá -sólo quizá- nos hubiera gustado vivir.
    "las lágrimas sólo sirven para sazonar la vida"
    Podría disentir al respecto: hacen mil funciones, pero se pueden resumir en esa frase.
    Muy bien, Aurora.
    Besos <3

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Fran.
      Tal vez tengas razón en lo de divagar con la vida que nos gustaría a nosotros.
      Besos.

      Eliminar

Toda imagen tomada de la red será retirada si el autor así lo solicita.

Gracias por danzar conmigo.