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martes, 25 de septiembre de 2012

POSEIDA EN TRES DÍAS (y III)


Juana de Arco. Dante Gabriel Rossetti (1882)
Tercer día.-

Llevo todo el día en la cama. Ha venido el médico. Jajaja, me rio por no llorar. Adivina, no sabe lo que tengo. Cree que es algún virus. ¡Qué sabrá él! La fiebre me hace delirar.

En momentos de lucidez, como ahora, aprovecho para escribir. En otros, desconozco dónde me encuentro, no reconozco las caras que me rodean, parecen enfadados conmigo, me gritan algo que no consigo descifrar. Mi nombre no es tal, creo que no saben cómo me llamo, me acusan no sé muy bien de qué.

Ya no puedo escribir, ahora todo está en mi pensamiento. Nadie sabrá jamás qué pasó. Tú te quedarás a medio terminar, no podrás contarle a mi familia qué fue lo que me ocurrió.

- ¡Retráctate de tus palabras, Juana! Eso evitará que te quemen en la hoguera por hechicería y brujería.

 - Me hablan, me dicen lo que tengo que hacer. No puedo decir que no las oigo, no puedo renunciar.

- Nada podrá salvarte de morir quemada. Ante este tribunal eclesiástico eres una hechicera.

- Ellos me dijeron cómo tenía que combatir, cómo conseguir que el delfín fuese coronado rey de Francia. Esas voces me ayudaron a conquistar las victorias.

- Así pues, está decidido: serás quemada en la hoguera por herejía.

La plaza del mercado de Ruán, está atestada de gente. Todos esperan mi ejecución. Estoy asustada. Me encomiendo a Dios. ¿Por qué no viene en mi ayuda? ¿Dónde estáis voces? ¿Por qué me habéis abandonado?

 El fuego ha empezado a prender poco a poco. Va tomando cuerpo con prisa, sus lenguas me queman la planta de los pies, alcanzan mis ropas, no puedo soportar el dolor. Creo que voy a desmayarme de un momento a otro. No siento nada, ¿Qué ha pasado? No oigo, no veo. Es como si flotara, he abandonado mi cuerpo. Ha sido liberada mi alma.

Veo sobre la cama mi cuerpo inmóvil. Todos se hacen la misma pregunta: ¿qué fue lo que la mató? El médico está desconcertado. No encuentra una explicación a mi muerte. Tú tampoco puedes ayudarles mucho, cuando te encuentren creerán que tomaba alucinógenos. Seguramente darán carpetazo diciendo que fue una sobredosis.

 -Señorita Guzmán, ¿ha dormido bien durante esta clase? Me obliga usted a llamar a sus padres y tener una reunión con ellos. ¿Está usted enferma o ha pasado mala noche?

- He sido poseída por el alma de Juana de Arco-. Me limité a decir.

Se echaron a reír a  mandíbula batiente, creo que hasta el profesor de historia lo iba a hacer. Se contuvo en el último momento y en vez de eso me mandó derechita y sin pasar por la hoguera a jefatura de estudios. Me levanté agradecida, contenta y no me importaba nada lo de llamar a mis padres. Todo había sido un mal sueño que había conseguido dejarme un mal cuerpo y un extraño olor a carne quemada.
Buenas noches, mi querido diario.

sábado, 22 de septiembre de 2012

POSEIDA EN TRES DÍAS II



Pintura de Audrey Kawasaki
 
 
 
Segundo día.-

Estoy asustada, querido diario. He estado hablando en un perfecto francés, lengua que desconozco. He conseguido enfadar a toda la pandilla, primeramente creían que les estaba tomando el pelo. Viendo que yo insistía en mi misión, han decidido darme esquinazo. No podía controlar mi lengua. No sé qué hacer ni a quién acudir.

Me he saltado las clases. Cuando mis padres se enteren será mi final. Menos mal, que tú estarás para recordarles al mundo que una vez existí y no fui sólo una leyenda.

Esto no es todo. De madrugada, me desperté sobresaltada. Como si hubiera alguien más en la habitación. Encendí la luz, en efecto, sólo estaba yo y mi reflejo que me devolvía una extraña mirada, me costó reconocerme en esa imagen. Juraría haber visto mi pelo mucho más corto, fueron décimas de segundo, pero no me parecía a la del espejo. No era yo.

Lo acusé al susto. Tardé un poco más en dormirme. Mi corazón latía tan fuerte que por un momento creí que eran dos. Sí, tómame por loca. En mi cama palpitaba más de uno y te recuerdo que duermo sola. Aunque tenga 15 años, no descarto el volver a dormir con mi madre. Llámame como quieras, pero si esto sigue así, una noche de estas me meto en su cama y largo de allí a mi padre.

A diferencia de ayer, hoy sí recuerdo algo de mi pesadilla. No lo vas a creer, me vi combatiendo, llevaba una espada y una armadura, daba órdenes aquí y allí, y lo mejor de todo: me obedecían. Todo era un caos, gritos, llantos, quería escapar, despertar. No podía, me veía obligada a permanecer allí, algo fuera de mí decía que no era un sueño,  que era realidad. He despertado envuelta en sudor y muy desconcertada. ¡Así me ha ido el día!

Después de la cena y ante mi nuevo comportamiento, mi madre ha decidido llevarme a un psicólogo. No sin antes hacerme una serie de pruebas (cree que me drogo). ¡Lo que me faltaba!

Ha venido a desearme las buenas noches y de paso ha aprovechado para echarme la bronca. Que si vivo en la luna de Valencia, que si soy una irresponsable, una egocéntrica, una adolescente insoportable. Que me estoy volviendo irreconocible. ¡Ahí le has dado!

-Yo tampoco me reconozco- He soltado de pronto. Mirándome a los ojos  ha dicho que me tomara las cosas más en serio. Lo que no sabe es que lo he dicho muy en serio, creo que es lo más serio que he dicho nunca. Otra vez estoy repitiendo vocablos. ¿Me estaré volviendo loca? ¿Es así como se empieza?

Deséame buenas noches.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

POSEIDA EN TRES DÍAS



Pintura en madera por Audrey Kawasaki
 
 
 
Primer día.-

Desde hace días no me siento ni mal ni bien. Me encuentro diferente, algo rara, distinta, rara, como si no fuese yo misma, rara. Sí, ya sé, he repetido varias veces este vocablo, aprovecho que no tengo cerca a mi profesor de literatura, dándome la vara: “señorita Guzmán, son varias las ocasiones en las que ha abusado de ese término”.  Ya no recuerdo cuando fue la primera vez que me sacó al pasillo por contestarle: - ¿acaso lo voy a desgastar por decirlo más de una vez o dos?- Seré una bocazas, pero él es un engreído.

¿Ves, querido diario? Me acabo de ir por la tangente. ¿Lo has notado tú también? A eso me refería. Me distraigo con facilidad, me desconcentro, me olvido de lo que iba a decir, o de lo siguiente que fuese a hacer. Hoy me he bajado en una parada que no era la mía. He empezado a andar por callejuelas estrechas, parecía un laberinto, yo las discurría como si las conociese. Iba ensimismada, como en trance. Un chico, me ha sacado de ese estado cuando me ha preguntado por una dirección. Se la he dado sin titubear. Tras dejar escapar la información, he sido consciente de la realidad, no sabía dónde estaba y acababa de dar un destino sin tener la menor duda. Me asusté. Salí de allí a toda prisa, subí al primer autobús que me trajo a casa. Eso no quita para que me llevara una regañina por llegar tarde y además con una escusa tan tonta: -me equivoqué de parada.

Dormí mal. Tuve pesadillas. Ahora no las recuerdo, pero sé que sufría mucho. El dolor me despertó. He pensado en decirle a mi madre que me lleve  al médico. No sabría por donde empezar a indicarle qué es lo que me pasa. Me lo imagino decir junto a ella: - ¡Estos adolescentes…! Seguramente habrá tomado algo que le ha sentado mal. Aunque mi madre añadiría: -Habrá cogido frío, se empeña en ir vestida en pleno invierno  como si viviésemos en el Caribe. Cree estar siempre en lo cierto, algo que me irrita porque no me toma en serio cuando le comento algo.

Curiosamente, a la hora de la cena, he llamado delfín a mi hermano Carlos. No podía dejar de hacerlo. Todos se han enfadado conmigo, sobre todo cuando he hecho una especie de reverencia al despedirme y marcharme a mi cuarto, que casualmente he llamado aposentos.

Aquí me tienes, vomitando una serie de acontecimientos que me han perseguido a lo largo del día, a cual más raro. Y no, no me estaba riendo de mi hermano, tanto las palabras como el gesto… puedo jurarte que no he sido yo la que lo ha efectuado. Alguien me estaba dominando en ese momento, créeme, estoy segura de ello.
 Buenas noches te deseo, porque eso es lo que quiero para mí también.

domingo, 16 de septiembre de 2012

GRACIAS JULIO POR LA NOMINACIÓN (aquí están las respuestas)








1.- ¿Qué es lo mejor que te ha pasado?
       La maternidad.

2.- ¿Cuándo escribes?
       Por la noche, es mi aliada.

3.- ¿Dónde escribes?
       En el salón de casa.

4.- ¿Qué música escuchas?
       Según el momento y el estado de ánimo. Me gusta toda clase de música.

5.- Si pudieras elegir otra época, lugar, ¿dónde y cuando?
     París. Los locos años 20.

6.- ¿Qué es lo que no soportas?
       La injusticía.

7.- ¿Eres feliz?
       Sí, tengo lo que quiero y necesito.

8.- ¿Dónde vas a relajarte y a tomar una copa?
       No bebo. Me relaja pasear cerca del río.

9.- ¿Qué valoras en tu pareja?
       Que me acepte tal y como soy.

10.- ¿Qué haces cuando no puedes dormir?
         Leer, escribir o escuchar música.

11.- ¿Qué personaje famoso de cualquier tiempo te gustaría ser?
         Helena de Troya.

martes, 11 de septiembre de 2012

GATO TONTO





La verdadera amistad puede venir de la mano de alguien, aparecer un día o noche inesperados, llegar en un medio de transporte, entrar de pronto en cualquier lugar. Tiene varias formas de manifestarse. Rozarte con su varita mágica y producir el encantamiento.

La de esta historia apareció una tarde de abril, en una casa vieja y húmeda. Se presentó envuelta en una bola de pelo, y tras unos grandes ojos verdes. Surgió la química y la atracción mutua. Al cruzarse las miradas ya sabían que algo nuevo estaba naciendo entre ellos. Ella se comprometió a cuidarle y mimarle sin fecha de caducidad. Él, por su parte, sólo podía ofrecer compañía, cariño y amistad incondicional.

Con el tiempo ese sentimiento fue creciendo a la par que ellos. Se volvieron inseparables, cómplices de juegos, confidentes de secretos, almas gemelas. Algunas tardes transcurrían así: él medio adormilado, observaba desde la cama como ella hacía las tareas del cole, repasaba la lección en voz alta, la cara que adoptaba cuando se equivocaba y, sobre todo, cuando se producía un  silencio seguido de una caricia dirigida a su cabeza o a su lomo. No pedían más.

Como auténticos felinos sus juegos se limitaban a asaltarse el uno al otro.   Acabada la diversión, la niña hundía la cara en la mullida barriga susurrándole “gato tonto”. Éste, dejándose hacer, ronroneaba y apoyaba sus suaves patas sobre la cabeza de ella.  

No todos los miembros de la familia veían con buenos ojos esta relación. Un fatídico día, el mayor del clan le dio la posibilidad de elegir entre él o el minino. –No me hagas esto, papá. Y así fue como todo dio un giro de 180º, cambiándoles su mundo y poniéndolo patas arriba.

Una casa en construcción se convirtió en la nueva morada del gato. Decidida y animada, la niña tomó nuevos hábitos. Exceptuando las horas de clase, la mayor parte del tiempo lo pasaba junto a él. Estudio, charla, merienda, juegos. La noche caía haciéndola volver a su hogar. Dolía la separación, cuando se acercaba la hora de la despedida, el gato se subía a su regazo y con la cabeza le propinaba unos cuantos mimos.  ¿Intuición animal?

Los años pasaron, convirtiendo a la niña en una adolescente y al minino, en un gato más sabio o más intuitivo. Ella, no dejaba de preguntarse, cómo él podía conocer la hora exacta para darle los buenos días antes de subir a ese autobús que la trasladaba hasta su instituto, y la de llegada, siempre esperando al final de la calle, en la esquina de una vieja tienda de barrio. 

Todo estaba cambiando, la conversación, los juegos… Menos ellos, eran los mismos, dos almas cosidas la una a la otra. Hasta que sucedió: dejó de acudir. –Caza de gatas. Pensaba ella, se quería autoconvencer. Los días pasaron a ser semanas, y seguía sin aparecer. Cada tarde después de clase, cargada de ilusión salía en su busca para más tarde volver triste y desanimada.

La noticia no tardó en llegar por boca de su madre. La última vez que lo vio, comía algo que una vecina le había dado y desde entonces no ha vuelto. Si sumamos dos y dos, salen las cuentas.  

Las lágrimas hicieron acto de presencia junto con la rabia y la impotencia. ¿Qué haría ahora con su tiempo, los secretos, las caricias, los mimos, los abrazos, los besos? Todo lo que en un principio tenía un destino, ahora vagaba en el tiempo, estaba perdido. –Gato tonto, ¿por qué comiste algo que yo no te di?

Ahora que la herida ha cicatrizado y ha madurado la pena, en el corazón de la no tan niña habita un hermoso recuerdo,  de vez en cuando aparece como un guiño la imagen de una chiquilla y de un gato tonto.

martes, 4 de septiembre de 2012

MERCADONA VS SPA


 
 
 
 
 
Cada vez estoy más convencida de que el Mercadona de mi pueblo iba destinado a ser un centro de SPA. Una vez vistas las instalaciones, el entorno y la ubicación, desistieron de su empeño y todo quedó reducido a ser lo que ahora es: su supermercado de confianza.

La impronta de la primera idea quedó marcada. Realizar la compra en él, es como ir a un balneario para formar parte de un programa llamado (en este caso y por tratarse de un pueblo) “circuito rústico”.

La zona thermalium quedó relegada al parking: calentito, agobiante, asfixiante, el vapor de agua lo sustituimos por los gases del motor, ya sé que no es lo mismo, pero…. hay que echarle imaginación ¿no?

Una vez dentro de dicho súper, empezamos a formar parte de ese río de masa humana dejándonos llevar por la corriente.

Llegamos a la zona de los congelados. No hay que tardar en decidir qué tipo de croquetas quieres llevar a casa: también te puedes llevar un constipado. Después de la sudada, se te enfrían las neuronas.

Pasamos al solárium, también conocido como: perfumería. ¡Qué focos más potentes! Te permite sacar las gafas de sol y todo. Es aconsejable dejar el carrito en el centro del pasillo y lanzarte a coger el artículo deseado en décimas de segundo, si alargas el tiempo puedes padecer una insolación.

Sólo nos queda visitar la zona de caja. La cola transcurre entre achuchones y apretones, se podría decir que es mismamente un masaje antes de abandonar el local y volver a la zona thermalium para relajarse y salir de allí pitando.

Cuando llegas a casa con tu compra ¡no te espera un capuchino, no! Mientras  vas colocando, se cruza un pensamiento: en la próxima visita llevarás albornoz y gorro y chanclas de piscina, igual sin pretenderlo patentas una nueva forma de hacer la compra. Mirándolo bien, mi Mercadona conseguiría ser lo que en un principio: un centro de spa, pero sin agua.