viernes, 27 de abril de 2012

LA BATALLA


Quedamos en el lugar perfecto a la hora indicada. Ella, nerviosa, inquieta, bastante excitada, deseando entrar en acción. Yo, intentando controlar la situación, menos nerviosa, pero igual de animada. Ambas nos ataviamos con la indumentaria reglamentaria, la requerida para llevar a cabo nuestra misión. Sacamos nuestras mejores armas, algunas incluso no habían sido desempolvadas en toda una vida, las estrenamos en ese preciso momento.

Parecía como si de un instante a otro fuésemos a ver arder Roma. Luchamos  contra corriente, algunos instrumentos nos fallaron, otros artefactos nos hacían fracasar, aun así, seguimos con ahínco, fieles a nuestro cometido. Pasado un tiempo, después de la batalla, tras la encarecida lucha, y tras limpiar los restos de la contienda, nos miramos orgullosas. Habíamos conseguido empezar y acabar una tarea nada fácil.

Sólo una hora bastó para descubrir con vanidad nuestra victoria. Lo logramos. Habíamos hecho las madalenas más exquisitas que jamás hayamos probado. Y pensar que cuando entramos en aquella cocina, sólo éramos dos temerosas del arte culinario. Después de esta experiencia  estamos preparadas para otra aventura gastronómica, y volveremos a desempolvar nuestros enseres con la misma ilusión y a disfrutar de esa odisea. No me gusta cocinar, aunque reconozco que en buena compañía cualquiera se puede aficionar.